(Fuente: amyjadetribute)
feliz 4/20!
(Fuente: puramierda-old)
Calcetín con Rombosman la lleva!
(…)La noción de sexo designó una caracterización biológica que distingue al macho y la hembra de la especie humana; el concepto de género, en tanto, aspiraba a distinguir entre el hecho del dimorfismo sexual de la especie humana y la caracterización de lo masculino y lo femenino que acompañan en las culturas a la presencia de los dos sexos en la naturaleza. La noción sexo/género se orientó a diferenciar lo supuestamente natural e inmodificable (el primero), de lo cultural y por lo tanto modificable (el último). Sin embargo, esa formulación en la actualidad se encuentra sometida a análisis. (…)
Los cuerpos de hombres y de mujeres han sido construidos históricamente en unas sociedades bajo una lógica de oposiciones, complementariedades, especializaciones, jerarquizaciones y dominio. En este sentido, las diferencias entre los cuerpos han sido organizadas de un modo estrictamente unidimensional, en el que uno y otro cuerpo son construidos como opuestos, contrarios, polos de un mismo eje; por ello se construyen como antípodas: mientras más cerca de un polo se esté, más lejos del otro se está.
Asimismo, tales diferencias en los cuerpos, más precisamente en su anatomía y fisiología, pueden ser interpretadas como muy intensas y decisivas en lo que hombres y mujeres sienten, hacen, interactúan, aspiran, etc. La intensificación de las diferencias o similitudes es histórica y social. En esta perspectiva, pueden ser interpretadas (como importantes diferencias en tamaño corporal, tamaño de cerebros, fuerza física, reproducción biológica, etc.) las cuales, a su vez, darían lugar a diferencias psicológicas y sociales.
Sin embargo, los cuerpos no sólo son organizados en sus diferencias en sí mismas; son, al mismo tiempo, jerarquizadas. Es justamente, el proceso social y cultural de jerarquización lo que hace comprensible la intensificación de las diferencias prevalente en nuestra sociedad. Los binarismos clásicos producen no sólo diferencias, producen jerarquizaciones. Las categorizaciones fuerte-débil, o activo-pasivo atribuidos a hombres y mujeres no son neutras; conllevan especializaciones, subordinaciones, dependencias, discriminaciones, dominio; es decir, se inscriben en relaciones sociales de poder.
Del mismo modo, las diferencias a su vez pueden ser interpretadas como una estricta complementariedad anatómica y funcional de atributos. A una función del un cuerpo corresponde otra complementaria en el otro, a una forma corresponde otra complementaria.
También las formas de los cuerpos pueden ser elaboradas originando directa y linealmente desde la biología a una determinada y particular sexualidad, Así, el hecho morfológico que las mujeres tienen genitales “hacia adentro”, es decir que se sitúan en la zona genital de una forma en que no pueden ser vistos, sino sólo si se abren las piernas, hace que en una relación sexual con un hombre en su interior es introducido el pene hacia adentro. Hay quienes elaboran esta forma corporal de sus órganos, oculta al observador, como dando lugar a una femenina “sexualidad secreta”. Esto constituye una naturalización de los cuerpos y la sexualidad. En este caso, las formas de la naturaleza, producirían, a su vez, unas particulares formas en las prácticas y en las subjetividades.
También existe una aproximación a los cuerpos humanos como si mantuvieran intactos y latentes los atributos que tuvieron en la prehistoria, y la historia social y cultural de la especie humana no podría inhibir su manifestación, es más, se actualizarían sistemáticamente. Tales atributos tendrían una doble función de sobrevivencia y de organización de la vida. Así, el cuerpo del hombre es elaborado como cuando estaba provisto para la caza y la defensa y dotado para el trabajo fuera del hogar; mientras el cuerpo de la mujer estaba dotado para la recolección y las labores domésticas, la agricultura doméstica y la crianza. Esto fue así en ciertos períodos de la humanidad. No obstante, la transformación de las sociedades, particularmente el cambio en la economía y la tecnología, ha reducido la diferenciación funcional entre hombre y mujer en las actividades productivas o generadoras de bienes y servicios en muchos ámbitos; la tecnología anticonceptiva ha modificado la reproducción biológica, se ha reducido la fecundidad y con ello las mujeres pasan periodos más cortos de su vida en los eventos reproductivos y destinan menor tiempo en su vida a su función de cuidado materno que en el pasado.